Te armaste un concepto de ella en tu cabeza.
Le creaste virtudes y defectos a tu conveniencia;
caprichosa, siempre con algo para decir,
con una mirada que te mata
y una voz que te enamora.
Siempre iba a estar ahi para vos,
no importaban las circunstancias,
porque ella era tu vida
y vos la de ella.
Estaban destinados a estar juntos,
todos lo dicen,
asi que qué importa qué tan insanas sean las condiciones.
Sacaba la bestia en vos,
pero también te hacía mejor persona,
o eso decías.
Egoísta, paranoica, hipocrita,
las excusas de cualquier error que pudieras tener.
Pero era tan hermosa,
su piel era tan calida,
y sus labios...
Tu propia Afrodita.
Nunca se te ocurrió pensar que ella era, también, un ser humano, igual que vos.
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